21 de julio de 2026
La Selección, con una simple sábana de Malvinas, convirtió un partido de fútbol en un hecho político antiimperialista visto por miles de millones.
Y el poder lo entendió enseguida. Mientras los jugadores todavía estaban en la cancha, las plataformas comenzaron a viralizar una campaña antiargentina amplificada por bots, trolls y cuentas creadas para la ocasión, repitiendo frases como “Argentina está unida por el odio”, “los argentinos son racistas”, “las Malvinas nunca serán argentinas” o presentando cualquier reivindicación soberana como una amenaza.
No fue una reacción espontánea: fue el intento de apagar, ridiculizar y desviar un mensaje que había atravesado las fronteras.
Lo más doloroso es que el poder mundial tomó nota de ese enorme hecho político mucho antes que el propio campo popular argentino, que todavía no logra sentarse en una misma mesa para ofrecerle al pueblo otro camino frente a esta pesadilla colonial, saqueadora y ultraderechista.
Ellos entendieron la potencia de la unidad.
¿Cuándo vamos a entenderla nosotros?
