Por María José López Tavani*
9 de diciembre de 2025
Al final de la clase de presentación de la Carrera de Psicología, nos hicieron llenar unos formularios. Tenías que indicar qué enfermedades tenías y completar una planilla con las medicaciones pertinentes. Como se trataba de un espacio de Psicología, Filosofía y Humanidades estaba emocionada por ser parte de un lugar así.
La bipolaridad se encuentra dentro de las discapacidades intelectuales, pues afecta actividades, vínculos y la manera de relacionarse con el trabajo. Compartí mi diagnóstico de bipolar con la escuela. Me respondieron que no aceptaban estudiantes que tomen medicación. Así me lo informaron.
No sería la primera ni la última vez es ser discriminada. Y pienso que contar esto es reparador. Mis amigos, amigas y familia ya lo saben, pero nunca lo había plasmado de esta manera. Pasó hace muchos años pero aún me conmueve.
Según la Organización Panamericana de la Salud, haciéndose eco de la Organización Mundial de la Salud, “las personas con discapacidad son aquellas que tienen deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, en interacción con diversas barreras, pueden obstaculizar su participación plena y efectiva en la sociedad en igualdad de condiciones con los demás”.
Mientras que la Ley N.° 22.431, define que una persona discapacitada es aquella que sufre “una alteración funcional permanente, transitoria o prolongada, motora, sensorial o mental que, en relación a su edad y medio social, implique desventajas considerables para su adecuada integración social o laboral”.
No se trata entonces de sólo una condición médica sino también de las barreras que debe hacer frente una persona con discapacidad. La estigmatización. La discriminación. La exclusión.
Barreras que impiden derechos y posibilidades. Que hacen a la falta de accesibilidad urbanística, accesibilidad arquitectónica, accesibilidad en el transporte, accesibilidad en la comunicación.
La trama que compone la discapacidad es compleja, se teje entre el individuo y su entorno; la sociedad y su impacto; la participación en lo social con igualdad.
La discapacidad se tipifica en los siguientes estados:
-discapacidad motora: límites en sistemas osteoarticular y neuro-musculotendinoso
-discapacidad sensorial auditiva: límites en el sistema auditivo
-discapacidad sensorial visual: límites en la estructura del ojo y/o sistema nervioso
-discapacidad visceral: límites en estructuras de los sistemas cardiovascular, hematológico, inmunológico, respiratorio, digestivo, metabólico, endocrino y genitourinario
-discapacidad mental: límites en funciones mentales y estructuras del sistema nervioso.
Pero no se está hablando de una discapacidad muy peligrosa, que está creciendo en nuestro país: la falta de empatía y el exceso de la crueldad.
«Hoy la gente de bajos recursos la está pasando mal. Peor sería que la pasemos mal todos«, comunicaba Lilia Lemoine, diputada nacional por la Libertad Avanza. Pienso en jubilados y discapacitados. Que marchan y son reprimidos por la policía. Junto a los estudiantes. Y considero que, si un solo ser humano sufre, sufrimos todos.
Es justamente en esta carne viva donde el Estado ha de accionar, siendo espejo de la sociedad, para mejorarla. Otorgando igualdad a todos y todas. Promulgando las leyes correspondientes. Generando dispositivos para acompañar a quienes son más vulnerables.
La vida no es igual para alguien que no puede escuchar o que no ve o cuyo cuerpo físico sufre crónicamente o cuyo plano mental tiene limitaciones.
El título de la ANDIS -Agencia Nacional de Discapacidad- proclama: “Elaboramos y gestionamos políticas públicas para promover los derechos y la inclusión de las personas con discapacidad”. Suena contundente, bello y prometedor. Y sospechoso, si se tiene en cuenta que el ex titular de esta agencia, Diego Spagnuolo, está envuelto en crímenes de corrupción, robo y coimas; hechos que lo unen a otros integrantes de LLA. Hasta la hermana del presidente. La del 3% debería estar siendo investigada y condenada por ladrona.
No olvidamos los miles de pensiones quitadas a sus beneficiarios, por un ajuste brutal, con mecanismos sin transparencia. El espíritu no era auditar, se trataba de bajar pensiones, mientras se robaban los recursos de los más débiles.
Fui discriminada. No sería la primera ni la última vez en serlo. Porque la estigmatización, el prejuicio y la segregación responden al otro tipo de discapacidad -así la considero, así la he anunciado antes-: no poder ponerse en el lugar del otro. Esa ha de ser la mayor limitación de un ser humano. Su mayor pobreza.
Fuentes: OMS- OPS – POR IGUAL – INADI
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