Un desgarro en la historia, Navidad

Un desgarro en la historia, Navidad

25 de diciembre, ¿tal como el año pasado, y el otro, y el otro…?

Escuchaba en la radio el otro día varios oyentes que relataban el ritual de las fiestas como algo tedioso, difícil y si pudiera ser evitado tanto mejor. Y me puse a pensar… Es que tal vez la celebración de la Navidad ha dejado de ser algo verdadero. ¿En qué sentido lo digo? ¿Qué es lo verdadero? Un filósofo de nuestra época, Alain Badiou, afirma que la verdad es una fidelidad a un acontecimiento. Y a un acontecimiento que rompe los saberes tradicionales. ¿Será que la Navidad entre nosotros ya no es una celebración que hace memoria reeditando el sentimiento y la verdad de aquel acontecimiento?
¿Qué podemos recuperar de la Navidad como un acontecimiento que rompió los saberes tradicionales y que por lo tanto se convirtió en verdad que podía ser seguida en fidelidad? Les propongo repensar la Navidad en estos cuatro puntos:
Navidad fue un acontecimiento inesperado. Nadie esperaba que la salvación naciera desde abajo. Aún hoy es difícil pensar y actuar llevando adelante la certeza que la solución viene de abajo, de los sencillos, los que no tienen poder. Si en nuestro actuar cotidiano privilegiamos las situaciones que parecen ser las más efectivas, las que tienen poder mayor para solucionar los problemas. Navidad, es un relato que muestra lo contrario. Es la debilidad de una mujer que puja, de un varón que acompaña, de trabajadores campesinos que se juntan. En este sentido el relato de Navidad es, tenemos que afirmar, pura paradoja. En aquel tiempo la salvación sólo se esperaba desde el Imperio y sus agentes poderosos. Y hoy también. Y el relato de Navidad aparece como paradoja, pura paradoja…
Navidad fue un acontecimiento esperado . Pero este relato también nos acerca a un mundo cotidiano en donde el que no tiene nace en riesgo, en condiciones de fragilidad extrema (la figura del nacimiento en un pesebre es terrible, no es algo simpático). También es esperado que dos inmigrantes como María y José en otro pueblo vivieran la discriminación, el ser dejados de lado. ¿Es que acaso habrían sido considerados inmigrantes ilegales en nuestro tiempo? Tal vez, sin derecho a un nacimiento con todos los cuidados merecidos.
Navidad fue un acontecimiento tradicional . Sin dudas había tradiciones, expectativas que hablaban de la venida de un salvador. Era esperado. Algunos lo esperaban de cierta forma, otros de otra. Algunos inclusive lo esperaban sencillo, humilde y sufriente. Las esperanzas no se habían borrado de la historia en el momento en que Jesús nace. Las tradiciones de los antecesores tenían buena cantidad de repertorio para construir esperanzas. Tenemos que reconocer que, a pesar de todo, hoy nuestros pueblos siguen sosteniendo la esperanza.
Navidad fue un acontecimiento de ruptura . A la vez la Navidad fue diferente a todo lo anunciado. Fue algo que se zafó de lo esperado, de lo que sostenía esperanzas. Navidad fue algo realmente nuevo. Los evangelios muestran esta novedad que hace temblar al poder porque es, precisamente, nueva. Porque se presentaba como una nueva forma de construir sueños y proyectos. Sólo los que se animaron a abandonar formas tradicionales de esperar pudieron celebrar este nuevo acontecimiento. Sólo los que fueron «atrapados» por este suceso único pudieron emprender un camino de fidelidad a ese nuevo hecho, la Navidad.
Tal vez hemos transformado la Navidad en un evento sin particularidad, sin novedad y como tal lo festejamos. Un evento de esta naturaleza no puede convocar la fidelidad celebrante. Sin dudas que tendremos que releer ese acontecimiento de hace tantos años que se rehace cada año. Sin dudas que tendremos que releerlo si queremos ser «convocados» a una nueva forma de tener esperanza. Esa esperanza que traza caminos. Esa esperanza que es ruptura de saberes tradicionales y es búsqueda de nuevas alternativas. Navidad fue un acontecimiento que resquebrajó la cultura, la sabiduría. Sólo si podemos vivenciarlo desde ese punto de vista es que podremos celebrar la Navidad. Esa forma de celebrar será sin dudas una memoria de un acontecimiento que irrumpe en la historia. En la historia del mundo. Y en la historia de cada uno de nosotros.
Por Pablo Manuel Ferrer, pastor Iglesia Evangélica Emanuel

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