En concordancia con la postura del Papa Francisco, la iglesia católica ha salido a cuestionar fuertemente la baja de edad para menores que delinquen.
La Iglesia cuestiono, a través de un documento de la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia, la propuesta del ministro de Justicia Germán Garavano, quien confirmó que la idea del gobierno nacional es bajar de 16 a 14 años la edad de imputabilidad, con distintas escalas según el delito cometido.
Cuando Bergoglio comandaba el Episcopado escribió la “Carta por la Niñez” donde remarcó que “ los tratamientos con larga privación de libertad no han logrado buenos resultados, esto queda demostrado ya que ocho de cada diez presos adultos pasaron por Institutos de Menores”.
En el mismo sentido, el episcopado le pidió al gobierno que no convierta a los jóvenes infractores de la ley penal en “enemigos sociales”: “no pareciera razonable en un año electoral dar respuesta estatal a hechos delictivos de trascendencia mediática”.
Desde la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) explicaron que “un importante porcentaje de adolescentes infractores a la ley penal son pobres” y que debido a esto “cuentan con fuerte déficit en la escolarización, y que provienen de familias desintegradas, y de baja calificación laboral”. De esta manera, desde el círculo eclesiástico subrayaron que no hay que “mirar solamente la ‘fotografía’ del hecho” sino comprender el entorno en el que se encuentran insertos los menores.
Para avalar sus argumentos, el episcopado cito una frase Jorge Bergoglio cuando era Arzobispo de Buenos Aires, en la cual aseveraba que “frente a esta realidad, aparece una actitud falsamente normativa y de supuesto bien común que reclama represión y creciente control que va, desde la baja de la edad de imputabilidad penal hasta su forzada separación familiar, en ocasiones sometiendo injustamente al sistema judicial situaciones de pobreza familiar o bien promoviendo una discrecional y abusiva institucionalización”.

