Paseo Gigena: un negocio a medida para Toto Caputo, Horacio Rodríguez Larreta y la familia Nosiglia

30 de marzo de 2026

La historia del Paseo Gigena no es solo un relato de arquitectura moderna en la intersección de Dorrego y Libertador, sino la crónica de cómo un grupo de actores del sector privado logró capturar la estructura del Estado para beneficio de un proyecto inmobiliario sin precedentes.

En el centro de esta trama aparecen dos figuras que, aunque desconocidas para el gran público, resultan fundamentales para entender cómo se anudan los negocios y la política: Alexis Hoffmann y Martín Maccarone.
Maccarone, titular de la constructora Coinsa y socio de la firma BSD Investments, fue el encargado de materializar el edificio de lujo sobre el antiguo estacionamiento del Hipódromo de Palermo.

Su rol, sin embargo, trascendió las paredes de hormigón cuando, tras el cambio de gobierno nacional en 2023, cruzó el mostrador para convertirse en el Secretario Coordinador de Infraestructura bajo el ala de Luis Caputo. Durante meses, Maccarone operó en las sombras como un «funcionario fantasma» sin designación oficial, supervisando áreas estratégicas como Obras Públicas y AySA, la misma empresa estatal que inicialmente bloqueó el proyecto Gigena por el riesgo de colapso de los caños maestros de agua que atraviesan el predio.

En el plano financiero y de gestión de activos, el nombre de Alexis Hoffman surge como el eslabón imprescindible. Hoffmann, yerno del influyente operador radical Enrique «Coti» Nosiglia, es el apoderado legal de la consultora Anker Latinoamérica, la firma fundada por el actual Ministro de Economía y el Presidente del Banco Central, Santiago Bausili. Cuando Caputo y Bausili asumieron sus cargos públicos, Hoffmann quedó al frente de la administración del fideicomiso que financió el Paseo Gigena, garantizando la continuidad de los intereses de los inversores privados mientras sus antiguos socios tomaban el control de la macroeconomía nacional.

La red de influencias se vuelve más densa al observar los vínculos societarios de Hoffmann. En la empresa Nueva Buenos Aires S.A., el apoderado de Anker comparte directorio no solo con su suegro, el «Coti» Nosiglia, sino también con el actual Ministro de Salud, Mario Lugones.

Esta convergencia entre los sectores de la salud privada, el real estate de lujo y la política partidaria del radicalismo porteño facilitó una serie de beneficios excepcionales para el emprendimiento de Dorrego y Libertador.

El punto de mayor controversia institucional reside en la concesión otorgada durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta. El contrato, originalmente bajo la órbita de la AABE liderada por el sciolista Martín Cosentino, fue modificado para otorgar a la empresa un periodo de gracia y un canon mensual que resulta irrisorio frente a los alquileres en dólares que hoy perciben los desarrolladores.

La cereza del pastel fue la decisión del Gobierno de la Ciudad de financiar con fondos públicos la obra de desvío de los caños de AySA por casi 15.000 millones de pesos, eliminando así el último obstáculo técnico para que los socios de Hoffmann, Maccarone y Lugones pudieran inaugurar sus oficinas sin costo alguno por el error de cálculo original.

De esta manera, el Paseo Gigena queda configurado como un ecosistema de poder donde el Estado cedió la tierra, perdonó el canon hasta la próxima década y pagó la infraestructura de base, permitiendo que un grupo selecto de empresarios y funcionarios consolide un negocio inmobiliario de renta perpetua en el corazón de Palermo.

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