La esquina de Gavilán y Galicia, en pleno barrio porteño de Villa Mitre, tuvo múltiples variaciones desde los principios del siglo pasado. La propiedad que tenía allí la familia Dicola albergó desde 1912, una carnicería, una fábrica de soda, un almacén e incluso una tintorería. En la actualidad, la casa de techos altos y amplios ventanales está habitada por el escultor Armando Ramaglia y la artista plástica Adriana Omahna, de 72 y 52 años respectivamente; por la trayectoria de cada uno de ellos, se podría decir que las paredes, que en un momento se asfixiaron por el vapor de las máquinas de lavado, ahora respiran arte. El portón de la entrada, que no tiene timbre y los años le van quitando su color celeste, refleja el estilo bohemio del matrimonio que comenzó a gestarse hace 18 años. Cuando la puerta se abrió, nos recibieron con una sonrisa reconfortante y la celeridad para poner el agua para el mate. Luego de atravesar el garaje, inundado de materiales de producción artística, sus ojos cómplices se cruzaron y afirmaron a la par: “Nuestra vida es el arte. Todo lo demás, como el trabajo, es hobbie”.
Sus vidas se cruzaron en una muestra del Concejo Deliberante y el arte los unió. Sin embargo, sus historias tienen similitudes en cuanto a sus raíces familiares: los padres de Adriana son emigrados políticos de Eslovenia de la Segunda Guerra Mundial, y los de Armando fueron de los tantos italianos que vinieron al país durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen.
Omahna, nos comenta, mientras se acomoda su corto y rojizo cabello: “en mis obras me interesa abordar procesos de transformación, que al ser sometidos a modificaciones en un sentido estético, desde lo textil, puedan volver a la naturaleza para continuar su proceso vital…el arte debe formar parte de la vida cotidiana para hacernos más humanos. Las intervenciones en el paisaje cotidiano, aunque sean efímeras, pueden lograr que a alguien le haga vibrar un determinado sentimiento”. Ramaglia cuenta que viviò al arte desde su oficio: uno de sus tíos poseía una carpintería en el barrio de Villa Luro, Trabajó allí hasta los 26, desempeñándose en dibujo y aprendiendo a usar las máquinas con su materia prima correspondiente. Además, por la noche estudiaba construcción. Ramaglia, relata distendido, que cuando tenía 40 años necesitaba una orientación para su desarrollo artístico y comenzó a tomar clases en la escuela de Bellas Artes con el maestro Aurelio Macchi, “Era un tipo sumamente exigente…pero se aprendía un montón, era un tipazo y llegué a amarlo”. En su crecimiento, hubo varias etapas en sus esculturas y nos cuenta: “La era que estuve con Macchi fue más bien figurativa y más adelante tuve la necesidad de hacer un cambio, quería la abstracción y la geometría, asumo que tuve mis complicaciones en esa búsqueda para encontrarme, fueron tres años de trabajo intenso hasta que tuve un click”.
“No, vos no tuviste un click”, interrumpe Omahna. “Tenías la obligación de hacer una obra de determinadas medidas en la galería de ARTEBA en 1994”, le recordó a Armando. Entonces, fiel a su formación, explicó que las obras geométricas devienen de un razonamiento sensible, porque logran fundirse en una forma de pensar, citando a Vasili Kandinsky, pintor ruso precursor del arte abstracto. “No es una cuestión de producir algo que se ve en la realidad”. Ramaglia escuchaba con atención a su compañera: “Vivimos en una realidad diferente en relación a las nuevas generaciones, ellos nacen con lo digital e ignoran lo anterior… los jóvenes empiezan a hacer obras con la intención de exponerlas”.
Entonces, Armando se preguntó: “¿Cómo podría uno explicarles que antes de exponer tienen que atravesar un proceso de formación?” Ramaglia pudo ser testigo en la BIENAL Internacional de Escultura del Chaco, que los jóvenes artistas son muy buenos pero no tienen apoyo. Los chicos debían tallar un tronco de 2 metros de largo y 60 centímetros de diámetro en un lapso máximo de 48 horas. Ramaglia, que era del jurado, cuenta que los ganadores del concurso habían llegado desde la provincia de Formosa sin ningún tipo de recurso. “Viajaron a dedo, sin dinero y estaban durmiendo en un camping… ganaron 10 mil pesos, en el mundo admiran a los argentinos porque resolvemos cualquier tipo de problema”. Ambos artistas coinciden en que Latinoamérica está muy bien vista en el mundo y coinciden en la importancia de los centros culturales. Es “enorme” que alguien durante dos horas se olvide de los problemas que tiene, por el simple hecho de ocuparse en el color de su obra. Los centros culturales son generadores de vínculos y producen cambios sociales.
Adriana Omahna
Adriana Omahna nació en Buenos Aires en 1962. Estudio en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón respectivamente. Estudió dibujo con Carlos Terribili y pintura abstracta con Miguel Ángel Vidal. Cursó la licenciatura de Artes Visuales en el Instituto Nacional de Arte (IUNA), graduándose como licenciada de Arte en Artes Visuales, especialidad pintura, con la tesis: “La reflexión de lo visible en las organizaciones perceptivas”. Cursó Fotografía Creativa con Raquel Bigio y es co-fundadora del Taller El Pasillo y Arte-Codd, un espacio para la nueva generación de artistas plásticos Argentinos. Realizó muestras individuales, exposiciones grupales y colectivas en nuestro país y en el extranjero. Tiene su estudio en Capital Federal y es docente en escuelas de arte y talleres municipales.
Armando Ramaglia
rmando Ramaglia nació en Buenos Aires. Estudio dibujo y modelado con el maestro Aurelio Macchi y con Ramón Castejón talla en mármol, perfeccionándose en vitrofusión y moldeado en vidrio en la Escuela Nacional del Vidrio. Es miembro del grupo Madí Internacional desde el 2006. Ha realizado muestras individuales, grupales y colectivas en el país, en Francia y en Italia. Participo en salones Nacionales, Provinciales y Municipales obteniendo entre otros el “Gran Premio Adquisición”, Salón Nacional de Artes Visuales (1998) y el 1º Premio, Salón Municipal de Artes plásticas, Manuel Belgrano (2010). Sus obras se encuentran en colecciones privadas y estatales de la Argentina, Estados Unidos, Francia e Italia. Actualmente se desempeña como artista plástico en su taller de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Por Santiago Carrillo
