Apuntes sobre medicamentos y curación interior

24 de junio de 2026

¿Quince gotas o dieciséis? ¿En la mañana o en la noche? ¿Antes o después de comer?
Miles de personas pasan horas discutiendo esas cosas en las redes sociales. Se pelean por una gota más o una gota menos, por una pastilla más o una pastilla menos. Y mientras tanto, olvidan lo esencial.

Hace dos mil años, un joven haraposo de treinta años dijo algo extraordinario: «No es lo que entra por la boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de ella.»

Lo dijo una vez. Lo repitió después. Y volvió a insistir.
Lo que entra por la boca va al intestino y termina en el desagüe. Pero lo que sale del corazón es lo que contamina al ser humano.

Sin embargo, dos mil años después seguimos obsesionados con lo mismo.

La gente vive preocupada por lavarse las manos, desinfectar la fruta, esterilizar los cubiertos y limpiar cada superficie. Pero casi nadie se pregunta si guarda resentimientos, odios, culpas o heridas sin resolver.

A los niños les enseñan desde pequeños: «Lávate las manos antes de comer.»

Pero rara vez les enseñan: «No te acuestes peleado con nadie.» «Pide perdón.» «Libera el rencor.» «Reconcíliate.»

La higiene física se convirtió en una religión. La higiene del alma fue olvidada. Vivimos rodeados de personas impecablemente limpias por fuera y completamente destruidas por dentro. Personas que cuidan cada detalle de su apariencia, pero cargan años de resentimiento, amargura, ira y sufrimiento.

Como sepulcros blanqueados: brillantes por fuera y deteriorados por dentro.

Y luego se preguntan por qué enferman.
Desde mi experiencia, la verdadera enfermedad comienza cuando el alma se intoxica. Cuando una emoción negativa permanece durante años, comienza un proceso que termina reflejándose en el cuerpo.
Pero de eso casi nadie habla.

¿Por qué? Porque es gratis, no se puede patentar y no genera millones.

La gente ha sido convencida de que para recuperar la salud necesita gastar miles de dólares, viajar, comprar tratamientos costosos y depender eternamente de expertos. Mientras tanto, aquello que podría transformar su vida está al alcance de todos: el perdón, la reconciliación, la fe, la paz interior y el acercamiento a Dios.

Nos distraen con detalles secundarios mientras ignoramos lo esencial. Nos hacen discutir sobre gotas mientras olvidamos el corazón. Nos hacen mirar el cuerpo mientras ignoramos el alma.

Quizá ha llegado el momento de volver a las enseñanzas más simples. Quizá ha llegado el momento de mirar hacia adentro. Quizá ha llegado el momento de acercarnos más a Dios. Porque allí donde dos o más personas se reúnen en Su nombre, allí está Él.
Y tal vez la respuesta que tanto buscamos ha estado frente a nosotros durante dos mil años.

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