Acerca de Darwin, Macri, Francisco y los caminos del buen vivir

 “Si alguien cae en la pobreza se debe a sus propios errores
y nadie debe ayudarle a reponerse.
Si alguien es rico se debe a sus propias condiciones,
aunque la riqueza haya sido adquirida por medios inmorales”.

Herbert Spencer

Desde  tiempos inmemoriales el hombre ha trasladado creencias y filosofías diversas para adoptar cursos de acción en su vida y racional, o instintivamente,  a la organización y al gobierno de sus comunidades.

Partiendo de  Aristóteles,  (384 a. C.)  que definía al hombre como un ser social y político: “El hombre es un animal social que no puede de por sí bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político”, pasando por Thomas Hobbes,  (1651 d C)  cuando en su libro Leviatán sostenía que “es indispensable un contrato social priorizando el bien común por sobre las particularidades”, llegamos dos siglos después a Darwin, con su Teoría de la Evolución, que de la biología derivó a teorías sociológicas que aún tienen plena vigencia.

La evolución orgánica del mundo animal de Darwin, aplicada al ordenamiento social se conoce como darwinismo social, cuyo exponente más contundente fue el filósofo inglés Herbert Spencer (1820-1903): “el progreso es consecuencia de la lucha por la supervivencia, donde el fuerte sobrevive,  el débil sucumbe y el estado no tiene que intervenir en este proceso natural”.

Estas distintas filosofías con sus muchos matices influenciaron por periodos muy extensos la organización humana y para hacer una síntesis parcial, actualmente existe un fuerte enfrentamiento  entre la concepción del darwinismo social, sus consecuencias,  y la idea de un estado benefactor.

El Darwinismo social acá y ahora

Alejandro Rozitchner, en otras épocas columnista de Mariano Grondona y Mario Pergolini,  escribe,  junto a un grupo de asesores,  los discursos del presidente Macri, de quien dice ser amigo y compartir la mirada ideológica sobre la realidad social y del mundo.

La particularidad: Alejandro cree firmemente en la teoría de la evolución de Darwin aplicada a la sociedad. Esta mirada del mundo explica que existen seres y razas superiores y cree en el orden que impulsa el capitalismo primitivo: cada uno compite con los demás bajo condiciones duras y brutales, sobreviven los más fuertes y los débiles  son eliminados en un marco de competencia más o menos despiadada.

La nación que se basa en estos parámetros y que admiran tanto Alejandro Rozitchner  como Macri es Estados Unidos, el país más fuerte y evolucionado del planeta, donde actualmente hay un candidato a presidente, que adscribe al darwinismo social,  Donald Trump, que abiertamente le dice a sus votantes: “soy millonario, un ser evolucionado, por eso deben votarme” y propone un racismo a ultranza contra las clases inferiores “que atrasan el progreso”.

Bajo esta concepción ideológica se está reorganizando actualmente en Argentina la vida política, social y económica.  Es necesario abandonar el “Estado benefactor” y eliminar su intervención impulsando la libertad de comercio sin límites para promover el progreso. La desigualdad social serán consecuencias de este “orden natural” que provoca la competencia.

Por lo tanto, el estado en lugar de fomentar la distribución de la riqueza, la implementación de programas sociales, solo debe promover las oportunidades bajo la propuesta del capitalismo, si hay libertad de comercio absoluta, algunos aprovecharán las oportunidades  y otros las desaprovecharán.  El estado  no debe intervenir ni asistir a los excluidos, en el sistema hay ganadores y perdedores producto de la evolución de cada uno y de su fortaleza para sobrevivir.

Los “barones ladrones”

Estas ideas tuvieron aceptación en los industriales llamados “los barones ladrones” de Estados Unidos, famosos durante el siglo pasado por su falta de escrúpulos en la competencia mercantil.

La “supervivencia de los más aptos” de Spencer fue utilizada por magnates como  Rockefeller y otros, para justificar la sobreexplotación de la población “inferior” y la eliminación de los competidores sin atender criterios morales o èticos,  para ser impúdicamente ricos.

La primera economía mundial tiene 50 millones de pobres, no existe salud pública ni educación gratuita, ni leyes laborales de protección al trabajador, existen millones de personas que viven en las calles en  condiciones inhumanas,  pero todo está  naturalizado y aceptado, “es el resultado de la competencia y de la selección natural”.

Hace unos días esta idea la expresó la vicepresidenta Michetti: “los pobres eligen vivir así” y Macri dice “generaremos oportunidades con la llegada de capitales, el estado no tiene ese rol”.

El darwinismo social definitivamente, si no hay oposición de los afectados, se va a implementar en Argentina: un estado  pequeño que no intervenga en el comercio, dirigido por las clases evolucionadas que son los ricos, que otorgarán oportunidades para competir donde ganaran los más fuerte y los perdedores, los más débiles, deben arreglarse como puedan para sobrevivir.

Francisco y Macri

Aquellos que no entendieron la fría reunión de hace unos meses entre Francisco y Macri cuando Mauricio fue a buscar la foto con el pontífice para seguir su campaña de marketing para instalar su imagen en el paìs, puede encontrar la explicación en  la confrontación entre el Cristianismo y la doctrina social de la iglesia y el darwinismo, con el capitalismo salvaje  y el sálvese quien pueda.

Los discursos y acciones de Francisco reflejan como nunca la Doctrina Social de la Iglesia, filosofía que está en las antípodas del pensamiento de Macri. De ahí derivan las continuas referencias del Papa a la dignidad humana, la ayuda a los refugiados y el cuidado de la tierra. Habla de la “Iglesia de los pobres” basándose en  Mateo 25,  pero fundamentalmente escribió la Enciclica“Evangelii Gaudium”, donde cuestiona al sistema de libre comercio y la competencia salvaje,  como causantes de todos los males.

Mientras Macri cree que los ricos, que son seres  evolucionados, generarán progreso  a través de la competencia, donde genuinamente ganarán los más fuerte, Francisco dice “No a una economía de la exclusión y la inequidad, esa economía mata,  todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil”.

En el gesto serio y distante del Papa hacia Macri en aquella famosa reunión en el Vaticano, estaban estas dos filosofías enfrentadas, estas dos miradas del mundo irreconciliables. Básicamente Francisco no le permitió a Mauricio que lo use como una mercancía y  no avaló con su gesto adusto y distante,  lo que sabe que sucederá  en la Argentina bajo el látigo del  darwinismo social y la economía de libre mercado.

El darwinismo social que impulsa Macri considera al ser humano  como como un bien de uso. Y bajo las directivas y principios de esta filosofía ejecutará sus políticas. Allí se ven los despidos del estado que no pararan: no hay consideración, ni por embarazadas, ni por discapacitados ni por las leyes vigentes, ni  por hijos de excombatientes, “hacemos lo que se puede” le dijo el presidente al padre desesperado de uno de ellos el 2 de abril, ante la consulta por el despido de su hijo del estado.

El buen vivir

Buen Vivir viene de las palabras indígenas Suma Qamaña (en lengua aymara) o Sumak Kawsay (en quechua), que significan vida en plenitud, en armonía y equilibrio con la naturaleza y con la comunidad. También se le llama el Buen Convivir,  una vida con relaciones armoniosas entre las personas, la comunidad  y la Tierra a la que pertenecemos.

Esta filosofía que nació en las comunidades originarias, también se opone a la visión del darwinismo, que bajo la consigna “civilización o barbarie” produjo la masacre “de los bárbaros” justificándola por el progreso por venir. En este desarrollo de las fuerzas productivas propuesto por Macri, está latente la exclusión definitiva de los sobrevivientes de esas luchas que se dieron a principios del siglo pasado, ahora con la expansión de las fronteras agropecuarias y la toma de tierras en posesión de las comunidades.

El planeta está sin dudas,  está sumergido en una profunda crisis por la irracionalidad de los seres humanos en relación a la sobre explotación de la naturaleza con el solo objetivo del lucro, de conseguir más poder a través del dinero y las posesiones.

El sistema impuesto por los que manejan el mundo es perverso e impulsa como filosofía de vida,  una sociedad de consumo que destruye la espiritualidad y en muchos casos, como señala Francisco, mata. La  filosofía del Buen Vivir se opone al sistema excluyente y perverso que se va a implementar en Argentina.

Este darwinismo social que proponen Macri y los ricos que gobiernan ahora el país, no sienten ninguna obligación ética o problema de conciencia respecto a la falta de protección de los más débiles, no entienden que los que se sumergen en la pobreza son seres humanos, para ellos son “perdedores” o  “eligieron vivir así”.

Lo que viene

Es indudable que los días por venir en el país no serán felices para la mayoría y el esfuerzo explicitado del gobierno nacional es desarmar rápidamente “el estado de bienestar” generado parcialmente por la anterior administración. Las frases de muchos funcionarios, “se terminó la fiesta”, sintetiza la decisión de retrotraer  lo logrado, a políticas de exclusión. El Observatorio Social de la Universidad Católica ha dicho que en los primeros tres meses del actual gobierno, la pobreza ha aumentado en un millón doscientos mil pobres.

En tres meses, se han desarmado la mayoría de los programas sociales implementado desde el estado, incluidos los de educación y viviendas. Existen 110 mil  despidos entre privados y públicos. El precio de los alimentos y medicamentos es groseramente impúdico.

Se paró la obra pública y los proyectos científicos comenzaron a privatizarse o dejarse de lado, como el satèlite Arsat III que dejo sin trabajo a 800 ingenieros. Y esto recién empieza. Por ejemplo, falta  desarmar el sistema jubilatorio, entre otros logros.

Si se profundiza la concepción ideológica del darwinismos social en Argentina, habrá mucho sufrimiento evitable en el país, una tierra rica y bendecida en sus dones que ahora estará gobernada por el libre mercado, la exclusión a través del retiro del estado, que será una figura meramente decorativa o peor aún, estará al servicio de las clases pudientes.

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