Origen y significado del 1 de mayo

Origen y significado del 1 de mayo

El próximo primero de mayo, en la ciudad de Buenos Aires se desarrollaran numerosos actos conmemorativos con motivo de celebrarse el Día del Trabajador, que para algunos es un dia festivo y para otros es una jornada para reivindicar los derechos de la clase trabajadora. Se realizan actos en Plaza Once, organizados por los anarquistas, en Plaza de Mayo las distintas corrientes de izquierda harán actos por separado, el peronismo y el radicalismo también tendrán protagonismo. Queremos en esta oportunidad, rememorar los orígenes de esta fecha tan emblemática, en una época donde la mayoría de las naciones del mundo sufren índices de desocupación importantes.
El 1 de mayo es una fecha central para los trabajadores de todo el mundo y refleja la síntesis de la lucha por conseguir mejores condiciones laborales en pleno desarrollo de la revolución industrial. Según la tendencia ideológica o simplemente el nivel de información, para algunos es simplemente un día que no se trabaja y se trata de aprovechar el feriado con alguna distracción, para muchos es natural saludarse como en un cumpleaños, algunos hacen un asado, aprovechan para ver una película o salir con la familia. Para otros, es importante conmemorar la fecha manteniendo el recuerdo de aquellas jornadas históricas en contra de la explotación que sufría la clase obrera, entonces hacen actos o charlas, donde resaltan la importancia del trabajo y que las condiciones actuales no se deterioren o que los empresarios no echen gente por la crisis financiera porque han ganado mucho. Sin embargo, hay otros que no conmemoran, sino que reivindican esa lucha obrera original, histórica, denunciando al sistema capitalista a quien acusan de producir desigualdades inaceptables y sostienen que la época es de peor esclavitud para muchas personas en relación de dependencia que hace dos siglos. Además, sostienen que la lucha no termino porque el sistema niega la dignidad de vida a miles de millones de personas en el mundo. Para aportar en este debate, les ofrecemos a los lectores de El Adán, una síntesis de aquellas jornadas obreras históricas, para saber porque el 1 de mayo es el día del trabajador.

Los mártires de Chicago

En Chicago, en 1886, se llevaron a cabo durante los meses de marzo y abril grandes movimientos huelguísticos, al igual que en el resto de las ciudades más importantes de Europa. El propósito de estos era establecer una jornada única y máxima de ocho horas de trabajo en los centros de trabajo. El primero de mayo tenia relevancia en razón de que ese día se discutía en asambleas de trabajadores y patrones la contrataciones de trabajo para el año venidero, allí se establecían condiciones de empleo, salario, jornadas y todo aquello que tenia que ver con el mundo laboral.
Desde 1882, la Federación Americana del Trabajo, asumió la necesidad de mejorar la situación de la clase obrera, recogiendo los sentimientos de lucha que desde varios años antes realizaba la Organización de los Caballeros del Trabajo. Los sucesivos congresos obreros de 1883, 1884 y 1885 lanzaron la idea de organizar en 1886 un movimiento huelguístico general que permitiera, sobre una situación de fuerza, presionar los contratos que se celebrarían ese primero de mayo, con la consigna única del establecimiento de la jornada de ocho horas.
Fue así que se sucedieron dos meses de intensas luchas, de huelgas preparatorias, de movilizaciones obreras, de enfrentamientos con los cuerpos policiales; meses de agitación en todos los centros industriales, ferrocarrileros, mineros y oficinas de empleados de gobierno, de costa a costa, que conmovieron a los Estados Unidos, concentrándose en la ciudad de Chicago los principales acontecimientos de esta jornada.
En Europa, por su parte, igual situación se vivía, en todos los países y centros de trabajo. Especial papel desempeñaban los grupos anarquistas y socialistas.
Estos sucesos fueron, en cierto modo, el resultado de los cambios operados por la Revolución Industrial, que desde fines del Siglo XVIII hizo posible la transformación de la manufactura en la producción de gran escala, el desarrollo de la industria textil, el empleo de la maquinaria cada vez más compleja; la aplicación de la energía de vapor, el surgimiento del ferrocarril y la modernización de la navegación, cambiando las funciones y las relaciones de los trabajadores, sus condiciones materiales de vida y su situación social haciendo surgir al obrero moderno y al proletariado industrial.
Los trabajadores carecían de legislación social y laboral protectora frente a los abusos que estaban siendo sometidos, entre ellos jornadas de 12, 14, 16 o más horas de trabajo de las cuales no escapaban niños ni mujeres, en condiciones malsanas, pesadas y peligrosas. Los niños eran empleados para limpiar las chimeneas de fábricas, lo cual generó múltiples protestas y luchas para protegerlos y regularles sus condiciones de trabajo. Desde 1791 los carpinteros de Filadelfia declararon una huelga para exigir la jornada de 10 horas y pago adicional por trabajo extra. Durante las décadas siguientes se desarrollaron diferentes protestas para rebajar la jornada.
A partir de 1880 resurgió el movimiento por las ocho horas, con énfasis en la búsqueda de una ley. Su no promulgación obligó a los obreros a presionar con la acción de sus propios medios -con el paro o la huelga- en las empresas cuyos patronos se negaban a esta jornada.
En 1881 se fundó en Pittsburg la American Federation Labor que agrupó trabajadores de los Estados Unidos y el Canadá. En su Congreso constitutivo exigió el cumplimiento de la jornada de 8 horas en obras públicas. En 1882, en su II Congreso la delegación obrera de Chicago propuso extender el beneficio de la jornada de 8 horas a todos los trabajadores sin distinción de sexo, edad u oficio.
En 1883 en el III Congreso de la AFL se solicitó al Presidente de los Estados Unidos impulsar la ley de las ocho horas, y definir posiciones a los Comités Nacionales de los Partidos Demócrata y Republicano sobre esta jornada. Los partidos eran sordos a las demandas obreras, lo que obligó a los sindicatos a tomar acciones más decisivas y de fuerza. En noviembre de 1884 se reunió en Chicago el IV Congreso de la AFL. En éste destacaron los dirigentes sindicales Frank K. Foster y Gabriel Edmonston, quien propuso la acción práctica de hacer respetar el 1º de mayo de 1886 la jornada de ocho horas, declarando la huelga de inmediato allí donde los patronos se opusieran. En el V Congreso, en 1885, se confirmó de nuevo esta lucha pidiendo a las organizaciones sindicales de todo el país hacer respetar esta resolución a partir de esa fecha.
El 16 de agosto 1885 en el Congreso General de Baltimore se dispuso que la primera y más importante exigencia, para redimir al trabajo de la esclavitud capitalista, era la promulgación de la ley fijando en ocho horas para todos los Estados Unidos la jornada normal de trabajo.
De igual modo, el Congreso de los Caballeros del Trabajo, en la ciudad de Hamilton, se sumó a la lucha y a la agitación general para lograr las ocho horas. Por su parte, la Federación Americana del Trabajo, preparó un contrato tipo que debía negociarse el 1º de mayo de 1886.
El 1º de mayo llegó. En las principales ciudades y Estados de los Estados Unidos se realizaron manifestaciones bajo la consigna general que «a partir de hoy nadie debe trabajar más de ocho horas por día’ La propuesta era ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho horas de recreación! Todo el país estaba movilizado. Alrededor de 11.000 huelgas agitaban los Estados Unidos. Cerca de 500.000 personas se hallaban en paro. Un 80% de los movilizados logró su objetivo.
La lucha obrera en Chicago se prolongó los días siguientes. El 4 de mayo en una manifestación se produjo un atentado, con saldo de muertos y heridos, que justificó a la policía para culpar de ello a los dirigentes del movimiento obrero de esta ciudad, la mayor parte de ellos emigrantes. A August Spies, Michael Schwab, Samuel Fielden, Adolfo Fischer, George Engels, Luis Lingg, Oscar W. Neebe y Alberto T. Parsons se les acusó de conspiración y asesinato; de querer provocar una revolución social, siendo el Primero de Mayo la fecha escogida para ello. El juicio que se les siguió y su condena a la horca, a la mayoría de ellos, es lo que dio origen a que se les conozca como los Mártires de Chicago, luego que el 11 de noviembre de 1887, en la Cárcel de Chicago, fueron ejecutados estos dirigentes obreros, anarquistas y socialistas.
En 1888, el movimiento obrero norteamericano convocó, a nuevas jornadas de lucha a realizar el 1 de mayo de 1890, con la finalidad de establecer de modo general en Estados Unidos la jornada de ocho horas. En 1889, en París, dos congresos obreros de orientación socialista, se sumaron a las luchas de los trabajadores estadounidenses. Pero, el Congreso reunido en la Sala Petrelle señaló que el Primero de Mayo debía seguirse celebrando a perpetuidad, de modo que cada año los trabajadores, en todo el mundo, hicieran un balance de las luchas realizadas y plantearan las demandas a lograr en el año siguiente. Este es el origen por el cual desde 1890 se celebra el primero de mayo como día internacional de los trabajadores.

Al pie del cadalso

Una vez que el Tribunal, el 20 de agosto de 1886, leyó el veredicto del jurado de condenados a muerte, procedió a darles la palabra para que se refirieran al mismo. Solo Adolf Fucher fue condenado a 15 años de prisión y trabajos forzados. Uno de los condenados, Michael Schwab, que tenia 36 años, era tipógrafo y encuadernador, originario de Baviera, Alemania. se expreso (es una síntesis) de la siguiente manera antes de morir:
“…Un movimiento social no es una conspiración, y nosotros todo lo hemos hecho a la luz del día. No hay secreto alguno en nuestra propaganda. Todos los días se cometen asesinatos; los niños son sacrificados inhumanamente, las mujeres perecen a fuerza de trabajar y los hombres mueren lentamente, consumidos por sus rudas faenas y no he visto jamás que las leyes castiguen estos crímenes… Como obrero que soy, he vivido entre los míos; he dormido en sus tugurios y en sus cuevas; he visto prostituirse la virtud a fuerza de privaciones y de miseria, y morir de hambre a hombres robustos por falta de trabajo. … ¿Qué han hecho los partidos políticos tradicionales por el pueblo? Prometer mucho y no hacer nada, excepto corromperlo comprando votos el día de elecciones…”.
Otro de los condenados fue Oscar Neebe, tenia 36 años y era vendedor de levaduras en una empresa de su familia, de ideas anarquistas
“…Mi trabajo como vendedor de levaduras me había puesto en contacto con los panaderos. Vi que eran tratados como perros… entonces me dije: A estos hombres hay que organizarlos; en la organización está la fuerza. Y ayudé a organizarlos. Fue un gran delito. Aquellos hombres ahora, en vez de estar trabajando 14 y 16 horas, trabajan 10 horas al día… Y aún más: cometí un delito peor… Una mañana … ví que los obreros de las fábricas de cerveza de la ciudad de Chicago entraban a trabajar a las 4 de la mañana. Llegaban a su casa a las 7 u 8 de la noche. No veían nunca a su familia;…a sus hijos, la luz del día… Puse manos a la obra y los organicé… he ahí mis delitos, es preferible la muerte rápida a la muerte lenta en que vivimos…”.
Otro de los que hablo, para dar una idea del fundamento de las luchas de aquellos años fue Adolfo Fischer, quien tenia 30 años, era periodista y había nacido en Alemania. Esto es una síntesis de su declaración:
“…Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponéis, porque no he cometido crimen ninguno. He sido tratado aquí como asesino y sólo se me ha probado que soy anarquista. Pero si yo he de ser ahorcado por profesar mis ideas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo nada que objetar”…”este veredicto es un golpe de muerte dado a la libertad de imprenta, a la libertad de pensamiento, a la libertad de palabra, en este país. El pueblo tomará nota de ello…”.
Con estas expresiones que volcamos de los condenados a muerte por luchar para mejorar las condiciones de trabajo, creemos, esta reflejado el espíritu del 1 de mayo. Algunos conmemoran, otros reivindican, otros lo toman como un feriado mas. Entre los condenados había un carpintero de 22 años y un pastor metodista, Samuel Fielden, tenia 39 años y era obrero fabril, nacido en Inglaterra quien dijo antes de ser ejecutado: “….se me acusa de incendiario porque he afirmado que la sociedad actual degrada al hombre hasta reducirlo a la categoría de animal ¡Andad! Id a las casas de los pobres, y los veréis amontonados en el menor espacio posible, respirando una atmósfera infernal de enfermedad y muerte… En los grandes centros industriales el obrero arrastra una vida miserable, la mujer pobre se prostituye para vivir, los niños perecen prematuramente aniquilados por las penosas tareas a las que tienen que someterse…”.
Conclusión: Si usted observa que en muchas sociedades del mundo, en países enteros de África y Asia, en los trabajadores chinos, en los millones de desplazados del sistema económico mundial y en amplísimos sectores marginados de nuestro propio país, existe una similitud de la realidad humana y social con estas declaraciones de los Mártires de Chicago, eso es producto de su mente febril, de su poca capacidad de pensar la realidad o de una extrema sensibilidad, al punto de llevarlo a creer que todos los seres humanos son iguales o peor aun, que deberían ser iguales.
Por Graciela Ferraro

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