Las opciones en el ballotage de noviembre: Darwinismo Social o Estado Presente

Por Ricardo Guaglianone

Desde tiempos remotos, pareciera ser que la gran separación de los humanos en materia política, radica en dos visiones contrapuestas, una más integradora, solidaria, donde hablar de comunidad es incluirse con naturalidad en un todo, mientras que la otra sostiene que vivir en sociedad es solo un intercambio de mercaderías y servicios, donde no hay compromiso sobre el destino de los otros semejantes. Estas visiones fueron enmarcadas en teorías que sustentaron largas luchas por el poder, donde el rol del estado es el centro de la controversia.

Estas posiciones teóricas están marcadas por dos grandes corrientes que disputan la supremacía: el Estado Presente y el Liberalismo Económico, que tiene un agregado teórico que tiñe de justificación y de indiferencia el destino colectivo: el darwinismo social.

Siempre el poder de turno ha trasladado creencias y filosofías para justificar la organización y el gobierno de sus comunidades.  Citamos a Aristóteles, (384 a. C.)  quien definía al hombre como un ser social y político: “El hombre es un animal social que no puede de por sí, bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político”, y de allí pasamos por Thomas Hobbes, (1651 d C) cuando en su libro “Leviatán” sostenía que “es indispensable un contrato social priorizando el bien común por sobre las particularidades”.

 Dos siglos después apareció Darwin, con su Teoría de la Evolución, que de la mirada biológica derivó a teorías sociológicas de plena y cruel vigencia: el darwinismo social y la supremacía del más fuerte, donde cada uno debe arreglarse por sí mismo, sin la intervencion del estado.

Características de un Estado Presente

Los puntos básicos del estado presente o de bienestar son:

a) Asegurar las garantías y los derechos ciudadanos establecidos en la Constitución, participación estatal en salud pública, educación, vivienda, así como la producción y el acceso a bienes de consumo básico.

b) Desarrollar un esquema amplio de subsidios, no sólo en la forma de apoyos fiscales, financieros, con precios y tarifas públicas reducidas para la creación de infraestructura industrial y urbana para dar empleo a toda la población.

c)  Asegurar que los bienes y servicios lleguen a toda la población, favoreciendo a las cadenas productivas de la industria nacional.

d) El Estado como gran estabilizador de las relaciones sociales y del ciclo económico para que sea incluyente y mejore la calidad de vida de la comunidad.

Que es el Darwinismo Social

El Darwinismo Social, en contraposición, dice que nadie debe intervenir para regular nada, porque la libre competencia es la base de la libertad política y económica de los ciudadanos. 

Los precios de los bienes y servicios deben ser fijados por las fuerzas del mercado sin la intervención estatal y conseguir empleo e ingresos queda supeditado a los mecanismos de oferta y demanda.

El estado debe ser mínimo, sin empresas públicas, ni prestación de servicios sociales ni planificación de la economía. El libre mercado, mediante la oferta y la demanda organiza la economía y la vida social.

El liberalismo económico tiene como base filosófica a su hermano de sangre, la teoría de la evolución orgánica del mundo animal de Darwin, que aplicada al ordenamiento social está expuesta en forma contundente por el filósofo inglés Herbert Spencer (1820-1903) que sostenía que “el progreso es consecuencia de la lucha por la supervivencia, donde el fuerte sobrevive, el débil sucumbe y el estado no tiene que intervenir para no interrumpir este proceso natural”.

En Argentina actualmente, existe un fuerte enfrentamiento entre la concepción del darwinismo social, (encarnado en Macri – MIlei) contra la idea de un estado presente, fuerte, (que defiende el candidato Massa).

La teoría del darwinismo social sostiene que existen seres superiores, más evolucionados, que son los más ricos de la sociedad y justifica el orden que impulsó el capitalismo primitivo: 

“cada uno compite bajo condiciones duras y los débiles son eliminados en el marco de una competencia más o menos despiadada”.

El estado no debe fomentar la distribución de la riqueza, si hay libertad de comercio absoluta, algunos aprovecharán las oportunidades y otros las desaprovecharán, habrá ganadores y perdedores producto de la evolución de cada uno y de su fortaleza para sobrevivir.

El discurso de Macri y Milei sostiene que si existe desigualdad social será consecuencia de un “orden natural” que provoca la competencia. Milei exalta a los ricos, como lo hizo en el Concejo de las Américas, donde aseguro que “los ricos son los más capaces y evolucionados” concepto que defiende Herbert Spencer, uno de los padres del Darwinismo Social: 

«Si alguien es rico se debe a sus propias condiciones, aunque la riqueza haya sido adquirida por medios inmorales y si alguien cae en la pobreza se debe a sus propios errores. Y nadie debe ayudarle a reponerse”
 

Se verá en las elecciones de noviembre que decide el pueblo, si vota un proyecto donde el estado interviene para buscar cierta equidad o elige la ley de la selva, donde salud, educación, servicios, la vida de cada uno, son solo una mercancía más.

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