Por María José López Tavani
9 de junio de 2026
“La soledad es la gran talladora del espíritu”
Federico García Lorca
Ya no abrazamos. Envíamos stickers –con abrazos- por Whatsapp o damos like en otras plataformas. Ya no llamamos, enviamos audios. En la mayor intimidad: video-llamada. Lo cual, se está volviendo extraño.
Escribir un mensajito parece ser la mejor opción de comunicacion. Nosotras, nosotros creemos, ilusoriamente, que estamos creando nuestra propia manera de vincularnos.
¿No será que esa manera de vincularnos, nos está creando a nosotros, nosotras?
No estamos más cerca, aunque creamos que sí. La humanidad tiene carne y hueso. Un mensaje tiene cara, entonación, postura corporal, color en las mejillas. Y nos perdemos de ese calor, de ese ser con el otro.
Las Redes Sociales generan una narrativa de “si no sale en la Red, no existe”. Y para ello se pierde más tiempo en la búsqueda de la selfie adecuada que en apreciar lo que realmente está sucediendo.
El auge de las nuevas “identidades” esta ahogando el intento de repensar y resignificar lo que vamos atravesando como humanos.
Las herramientas informáticas son útiles si se aplican en el marco de la fraternidad, del cuidado de nuestros hermanos animales y la protección de la Madre Tierra. Pero a la vez, son peligrosas y funcionales a la era del descarte, o de la crueldad y la injusticia.
Los insultos y agravios son parte del horizonte actual, de unos pocos con mucho poder, que deciden por los muchos. Las Redes se convierten en armas vulgares. En métodos de adoctrinamiento. Y todo huele a plástico.
La soledad
Desde una lectura astrológica, Saturno, el sabio anciano, es el propulsor de las pruebas materiales más difíciles que se puedan vivir. A Saturno se lo piensa como el sabio solitario. Y es quien nos exhorta a vivir la soledad como un proceso, áspero, complejo pero fructífero, pues se trata de autoconocimiento y tiene la guía de Saturno que es El Tiempo y el Maestro Interior: la sabiduría que da la experiencia, actúa como un guía interno que nos pide madurar para alcanzar nuestro propósito de vida.
Mientras que la Casa XII astrológica nos invita a vivir la soledad como una entrega, la entrega a Dios, sobre todo cuando no tenemos control de una situación.
En el Tarot de Marsella, la energía de Saturno rige la Carta XX, la resurrección y la espiritualidad, que representan el eslabón perdido más profundo de nuestra conexión con el Universo.
En la era de la “cercanía” virtual todavía hay esperanza. Pues no se trata de palear la soledad con infinidad de estímulos cibernéticos sino de análisis, discriminación y encuentro con lo útil; tal como hacen nuestros sabios riñones (reciben del afuera, discriminan lo útil y no útil para el organismo, se nutren con lo que necesita y desecha el resto).
Es importante estar atentos a lo que recibimos de las Redes Sociales. No creer en cantos de sirena ni guerreros alados. Muy importante: limitar el tiempo de uso.
Recordemos que la discreción en estos casos, es una virtud.
Comprender que una foto es solamente eso: un clic en un momento, mientras la película completa se mantiene negada.
Todo bien claro en lo virtual y no virtual: No a ningún modo de violencia. No a la cosificación ni a la autocosificación. Tampoco a “las verdades” que definen la belleza y el estilo.
Se pueden tener amigos y seguidores virtuales, pero, al final de la jornada, estamos con nosotros mismos.
Las pantallas pueden confundir si no estamos atentos.
Al final, estamos con nosotros mismos, con nuestros pensamientos y emociones, lo que vivimos durante el día, con lo que duele o eleva. Lo que enrosca o limita o enaltece.
La soledad no es mala palabra sino un puente desnudo, doloroso muchas veces, necesario, que busca, fluye, hacia el interior luminoso de cada uno.
Ahí donde no alcanzan los Me Gusta.
