Fuerte oposición de la comunidad médica contra el Complejo Hospitalario Sur

Las comunidades de cinco hospitales porteños están en estado de alerta desde que, el mes pasado, trascendió que avanza un proyecto del oficialismo para crear el Complejo Hospitalario Sur, que implica la concentración de los hospitales Udaondo, Ferrer, Marie Curie y el Instituto de Rehabilitación Psicofísica (IREP), en el predio del Muñiz.

Toda la comunidad médica está en contra: médicos, pacientes y familiares, y trabajadores en general se oponen por razones sanitarias y de permanencia de puestos de trabajo, ya que se desactivaran hospitales de alta complejidad, achicando sus coberturas actuales.

También se objeta si el objetivo central es sanitario o encubre un grandísimo negociado inmobiliario con los predios que quedarán disponibles que fueron donados  para fines sanitarios.

Los profesionales dicen que habrá riesgos con el traslado y unificación de hospitales en  pacientes  inmunodeprimidos,  propensos a contagiarse cualquier cosa. Tal es el caso del María Ferrer, un hospital es monovalente respiratorio, de riesgo biológico, donde los pacientes están inmunodeprimidos a nivel pulmonar.

En el mismo sentido Gabriela Piovano, médica infectóloga que trabaja en terapia intensiva del Hospital Muñiz hace 25 años, declaró a medios periodísticos  “que el traslado o la compactación de hospitales no beneficia a quien busca respuesta en estos hospitales monovalentes. Va a significar perder personal de laboratorio, quirófanos, camas de terapia, de internación,  van a hacer habitaciones boxeadas, pero nosotros tenemos casos de tuberculosis multi resistente en el Muñiz que se transmitieron en la sala de espera, o sea que no tiene que ver solamente con dónde se aloje el paciente”.

Mientras que Juan Aguirre, trabajador del área administrativa del Ferrer esgrime fuerte argumentos sanitarios para estar en contra del traslado: “No nos pueden mezclar con un hospital infeccioso. Tenemos pacientes postrados que se escaman y tienen heridas abiertas”.

Otro de los médicos que se oponen es Gabriel Rosenstein, clínico y gastroenterólogo del Turnú: “El Tornú es un hospital de referencia en enfermedades respiratorias y tuberculosis. Y la realidad es que hace seis años tenemos la sala de internación de tuberculosis cerrada. Ahora se cerró otra sala de neumonología y hay falta de camas en clínica médica. Esto hace que un hospital de 180 camas tenga en funcionamiento sólo 100. Tres pabellones del hospital que están abastecidos con mangueras porque los caños están rotos. No tenemos endoscopía desde agosto del año pasado”.

Mèdicos  del hospital María Ferrer también manifestaron su preocupación por los profesionales empleados en cada uno de los hospitales que se unificarían: “Dicen que es un hospital de 500 camas pero no sabemos. ¿Qué va a pasar con todos los empleados? Administrativos, camilleros, nutricionistas: hay muchas fuentes de trabajo y nadie garantiza que habrá para todos. Seguramente después van a hacer que cualquier agente de salud vaya rotando por distintos servicios y va a ser mano de obra barata que va a trabajar para los cinco hospitales”.

Todas las críticas coinciden que es un brutal achicamiento del hospital público y su cobertura gratuita, emparentado con la intención de hacer negocios inmobiliarios con tierras públicas a como dé lugar, sin importar otra cosa que el negocio y el dinero, como viene sucediendo desde que el Pro gobierna la ciudad.

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