Cris Miró

Por María José López Tavani
17 de mayo de 2026

Hace unos pocos años mi tía Alba me regaló una muñeca de tela, en navidad. Yo la llamé Cris.
Por Cris Miró.
Tenía el recuerdo de una mujer misteriosa que apareció durante mi infancia. Y
que muchos años más tarde arremetería en mí como una fuerza fabulosa, irrepetible y
luminosa; gracias a la serie Cris Miró (Ella), en 2024, donde la actriz Mina Serrano encarna –
magníficamente- a la primera vedette trans de nuestro país. Serie basada en el libro Hembra
de Carlos Sanzol.

Cris nació el 16 de septiembre de 1965, en Buenos Aires, Argentina. Hija de Esteban Virguez –
militar retirado- e Hilda de Virguez -ama de casa- y hermana de Esteban Virguez -médico-.
Barrio Belgrano
. Al principio su familia no comprendía del todo su estilo y naturaleza. Sin
embargo, de año en año supieron acompañarla con su paulatina transición.

La construcción de su identidad hizo que Cris naciera muchas veces, siendo el coraje su
principal combustible. Desde muy joven supo dar atención y trascendencia a sus sentimientos,
acercándose a su propia manera de vivir la feminidad. Y a luchar por ello.

Estudiaba Odontología en la Universidad de Buenos Aires durante el día mientras que las
noches eran de show.
Le quedaron tan sólo dos materias para recibirse. Asimismo, tenía dones
de modista. Con su máquina de coser creaba muchos de sus atuendos, incluso los teatrales.
Moda y maquillaje, más talentos.

Artista que comenzó en el circuito teatral alternativo, under. Haciendo sus performances en
boliches. Como Bunker. Es recordada por su interpretación en la obra Orgasmo Apocalíptico,
de la dramaturga Jorgelina Belardo, quien fuera una de sus mejores amigas y es activista por
los derechos de la comunidad lgtbq+.

Orgasmo Apocaliptico impulsó la creación del grupo Vademecum. Estudió baile con Julio Bocca y actuación con Alejandra Boero. Participó en dos filmes: Dios los cría -de Fernando Ayala, 1991- y La peste -de Luis Puenzo, 1992-. En la disco Gasoline, como en otras, fue vista. Luego sería convocada por Lino Patalano para
Viva la Revista, en el teatro Maipo, debutando en 1995 como primera vedette. Juanito Belmonte sería su descubridor y representante.

A partir de la audición para el Maipo, se inicia su trayectoria en el circuito comercial. Entonces
llegó la fama masiva. La aceptación y el respeto, aparentes. Las invitaciones a los programas
más exitosos. El premio a la vedette del año, 1995. Los espectáculos creados por Sofovich.

Sin embargo, la década de los ´90s siempre mostraría los dientes afilados, salvaje y violenta
con la comunidad lgtbq+. Los edictos policiales promulgaban la detención de mujeres trans, en
la calle. La intolerancia y el desprecio, el chiste y la burla eran parte de la narrativa donde ser
mujer trans implicaba no tener futuro. Se trataba de ser en lo oculto.

La liberación gritaba desde dentro mientras el afuera aceptaba solamente lo hegemónico. Los mandatos, los deberías, ahogaban cualquier horizonte de libertad para los que estaban y estamos “del otro lado de la mecha”.

Esta década la encontró siendo una figura pública que, a pesar del cariño popular, tuvo que
transitar desaires y humor vulgar y malicioso
. Discriminación. Aun así, ella jamás perdía la
entereza. Sabía responder con tranquilidad y chispeante inteligencia. Siempre atada al misterio
y la elegancia. No le gustaban las definiciones.

Cris Miró no sólo era una artista talentosa sino, además, una belleza hipnótica. 1.85 mts.,
esbelta y con una melena negra poderosa y atrapante. Se dice que verla actuar era una
experiencia que alteraba el tiempo.

Quienes la recuerdan, lo hacen con respeto y ternura, incluso devoción. Los amigos y amigas
siempre fueron leales, necesarios para hacer frente a la vida de celebridad. Ellos y ellas y su
familia, cimientos y torres.

Cris Miró se apagó el 1 de junio de 1999, dejando fulgor, a los 33 años. Marcando huella.
Abriendo las puertas para que otras mujeres trans pudiesen soñar y concretarse en sus metas.
Su breve vida, su intensa vida, en una época de crueldad y cinismo, la convirtió en un ícono de
rebelión, valentía y magia.

“Mi verdadero nombre es el que siento y el que quiero y es Cris Miró”, dijo ella.

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