Basta de comer alimentos con venenos

Muchos consumidores  leen las etiquetas de los envases de alimentos. Algunas personas lo hacen por cuestiones de salud, evaluando la presencia de grasas, sal, la cantidad de calorías, etc., mientras que otros consideran a la etiqueta simplemente como parte de la publicidad del producto.

Sin embargo, en muchos casos la información que aporta el envase en cuanto a la composición del producto no resulta del todo clara para el consumidor, por lo cual la consumimos guiados por las publicidades de las empresas sin conocer la trazabilidad o sin saber bien qué estamos consumiendo.

Argentina se encuentra actualmente entre los 3 principales productores de cultivos modificados genéticamente (OMG), sin embargo, los consumidores no somos conscientes cuando ingerimos transgénicos ya que el etiquetado es optativo y no obligatorio en nuestro país.

Por este motivo el etiquetado debería ser obligatorio para que cada uno pueda optar si consume determinado producto o no.

Etiquetar los productos no naturales

La preocupación de la mayoría de los consumidores con respecto a la procedencia de los productos y su origen transgénico radica en su influencia en la salud.

En Madrid, en el 2011,  se desarrollaron las Jornadas Científicas Internacionales sobre Transgénicos donde científicos de todo el mundo aportaron datos relevantes sobre estos cultivos creados en laboratorios. Algunos testimonios:

Michael Antoniou, experto en genética molecular y médica, afirmo que la tecnología de los transgénicos se basa en conceptos genéticos ya superados por la ciencia, que no están abalados por los últimos hallazgos de la genética.

A su vez, el catedrático de biología molecular de la Universidad de Caen, Gilles Seralini, sostuvo que “la evaluación de riesgo previos a la liberación de un transgénico no están diseñados para proteger ni la salud, ni el medio ambiente”.

Por otro lado, la doctora en ciencias biológicas, Mª del Carmen Jaizme, aseguro que “los microorganismos del suelo también son víctimas de los cultivos transgénicos, y por lo tanto la fertilidad de nuestros suelos y nuestra alimentación están en juego”.

Otro testimonio fue de  Christian Vélot, profesor de genética molecular en la Universidad de París, que afirmo que “casi la totalidad de las plantas transgénicas producen pesticidas en sus células o son cultivadas con enormes dosis de pesticidas, por lo tanto, al comer transgénicos estamos comiendo veneno”.

Estudios científicos independientes dan evidencia que los alimentos manipulados genéticamente pueden provocar alergias, intoxicaciones, alteraciones nocivas del valor nutritivo, resistencia a los antibióticos y alteraciones del sistema inmunológico.

 800 científicos firmaron una carta pidiendo la eliminación de transgénicos en el mundo: “Es de vital importancia para el público ser protegido de todos los productos transgénicos, y no sólo los que contienen ADN transgénico o proteína. El propio proceso de modificación genética, por lo menos en la forma practicada actualmente, es inherentemente peligroso”.

¿Qué comemos cuando no sabemos?

Si bien gran parte de la soja transgénica producida en Argentina se exporta hacia países donde se la utiliza para alimentar ganado vacuno, porcino y avícola, una parte importante se están consumiendo masivamente en nuestro país a través de distintos alimentos que se exponen “camuflados”.

 Los alimentos de alta rotación de consumo contienen transgénicos como la lecitina de soja, presente en galletitas, yogures, postres, alfajores, budines, margarina, mayonesas, chocolates, papas fritas, jugos, helados, postres, arroz pre preparado, pastas rellenas, milanesas de soja, etc.

Cabe destacar que gran parte de la soja modificada genéticamente  tiene los más altos índices de contaminación por pesticidas ya que son cada vez más resistentes a los agroquímicos.

Una buena síntesis la señaló la periodista Soledad Barruti, en su libro “Malcomidos”: “Es la primera vez que se crea un organismo para que resista a un agroquímico. Esto es una invitación a la súper pulverización porque la primera soja era resistente al glifosato; en cambio, ahora al 2,4 D y al glufosinato, herbicidas más potentes. Los transgénicos fueron pensados para el agroquímico”,

El rótulo alimentario

Según el Código Alimentario Argentino (CAA), el rótulo alimenticio tiene por objetivo suministrar información sobre las características particulares de los alimentos, forma de preparación, manipulación y conservación, propiedades nutricionales y contenido.

La normativa argentina está basada en las características y riesgos identificados del producto y no en el proceso mediante el cual el mismo fue originado; solo se incluye la información de que fue aprobado por algún organismo gubernamental competente.

Por ejemplo, en el envase de un yogur no se informa qué cepas de bacterias lácticas fermentadoras se usaron, pero sí se sabe que su uso fue autorizado por el INAL-ANMAT (Instituto Nacional de Alimentos dependiente de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos, y Tecnología Médica).

Tampoco se conoce de qué vacas se obtuvo la leche para el yogur, aunque esta materia prima debió haber sido previamente aprobada por el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria).

Mientras que los ambientalistas y una gran cantidad de consumidores no quieren comprar “a ciegas”, el sector productor considera que el etiquetado de los productos derivados de cultivos transgénicos implicaría un aumento de costos sustancial para la industria agro-alimentaria.

Países que prohibieron los transgénicos

 Diez países europeos ya prohibieron la comercialización de transgénicos y en Latinoamérica también los prohibieron Perú, Bolivia y Ecuador.

 En Argentina no solo se cultivan grandes extensiones, sino que también se comercializa y no se contempla la obligatoriedad del etiquetado de OMG.

Algunas organizaciones ambientalistas -como el caso de Greenpeace- actualizan y divulgan periódicamente un listado de marcas y alimentos en los que hallaron presencia de Organismos Modificados Genéticamente que no están informados en las etiquetas, sobre todo en productos que contienen maíz y soja transgénica.

Muchos están optando por consumir productos orgánicos  sin agro tóxicos y sin genes insertados artificialmente.

Cuando hay intereses, dinero y negocios de por medio, no es tan sencillo cambiar el modelo productor o las normativas asociadas, pero sí podemos desde nuestro lugar -como consumidores- elegir consumir mejor, conocer la trazabilidad de los alimentos y volver a lo natural.

Fuente: Agencia Biodiversidad en América Latina

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