Antes le teníamos miedo al bosque, ¿y ahora?… Un modo nuevo de pensar la ciudad

Antes le teníamos miedo al bosque, ¿y ahora?…
Un modo nuevo de pensar la ciudad

¿En qué pensamos cuando reflexionamos acerca de los problemas de nuestra ciudad? Cuando caminamos por Buenos Aires, por Corrientes o Florida o cuando transitamos las calles del barrio que amamos, ¿como pensamos esos lugares y desde que lugar?, ¿cuánto de cultura impuesta a esa concepción fomentan nuestros criterios sin saberlo? Es importante explorar la conciencia acerca del lugar donde elegimos vivir y de que modo nos afecta en nuestro desarrollo mas profundo. A Buenos Aires la amamos, pero también la queremos pensar sin permiso de las supuestas autoridades. Como personas, como habitantes de la ciudad, ¿que necesitamos?.
Las ciudades han surgido históricamente respondiendo a una necesidad de encuentro y de intercambio pero en las últimas décadas se han transformado de manera vertiginosa, a tal punto, que el sentimiento general de los ciudadanos es cada vez más “ya no se aguanta más”.
Y es en este punto donde podemos abordar la obra de Francesco Tonucci, maestro y pedagogo italiano, más conocido por su seudónimo Frato, actual investigador del Instituto de Sicología del CNR (Consejo Nacional de Investigaciones) de Roma.
Citamos algunas de las ideas a partir de las cuales inició su proyecto “la ciudad de los niños” en su ciudad natal, Fano, (Italia), tomadas luego como modelo en otras muchas ciudades del mundo, incluido nuestro conurbano bonaerense: “ Los ciudadanos sufren los males de la ciudad, pero parece que no quieren, por lo menos de manera explícita, que la ciudad cambie. Piensan que no es posible lograrlo ya, pues están resignados. Entonces, piden que al menos se pueda vivir un poco mejor en ella, que las privaciones sean aliviadas. Piden más servicios para soportar mejor el malestar de la ciudad. Si un intendente piensa más en el futuro de la sociedad que en su reelección, si piensa más en los hijos y los nietos de sus conciudadanos, entonces debe poner en movimiento la esperanza. Debe participar de un sueño: el sueño de creer que su ciudad mañana puede volver a ser hermosa, sana, segura; que vuelva a haber niños que juegan en la calle”.

La ciudad como ecosistema

“La ciudad como ambiente unitario, como ecosistema, está desapareciendo y se está convirtiendo cada vez más en la suma de lugares especializados, y autónomos, autosuficientes: los jardines de infantes para los niños pequeños, los hogares para los ancianos, los lugares del conocimiento, las escuelas, la Universidad, el lugar de la enfermedad, los hospitales, el lugar de las compras, el centro comercial. Por cierto que la separación produce molestias, malestar y crea en las personas desgarramientos con la propia historia, obstruye la comunicación, el encuentro, la solidaridad. Los administradores de la ciudad como compensación desarrollan la política de los servicios. Los servicios públicos se han convertido en el símbolo y orgullo de la buena administración. A la ciudad se la da ya por perdida: los servicios, los mejores servicios ayudan a soportarla, sin esperanzas de cambiarla. Porque es el “costo del progreso y no se puede volver atrás”.

Los niños y su ciudad

Francesco Tonucci es maestro y pedagogo y toma como punto de partida de sus reflexiones a los niños. Le preocupa enormemente la relación entre los niños y su ciudad: “los niños han perdido a su ciudad” y lo que es peor aún “la ciudad ha perdido a los niños”…” En esta situación, difícil para todos el niño es el que más sufre. Los servicios pensados para el adulto no son buenos para el niño. Si a este le quitamos el pequeño espacio para jugar en la vereda y se lo devolvemos cien veces más rico y más grande a un kilómetro de distancia de hecho se lo hemos quitado. La ciudad ha de tener como parámetro al niño y si la ciudad es segura para los niños seguro lo ha de ser para todos nosotros. Señor de la ciudad es ahora el automóvil que produce contaminación acústica y atmosférica, ocupación del espacio público. Las calles son peligrosas, pero es en esta ciudad donde debemos vivir, y especialmente el que tiene hijos siente la necesidad y la urgencia de una solución.”
Repensar la ciudad

“Repensar la ciudad, pretenderla de un modo distinto, apta para todos, es una necesidad urgente para prepararse hacia un futuro distinto, no controlado exclusivamente por la producción comercial, no dominado por los automóviles y tampoco dominado por un irrefrenable desarrollo de los servicios. Se trata de pensar una ciudad más ágil, más simple. Repensar la ciudad significa preparar un futuro en el que haya deseo y posibilidad de pensar en el bienestar, en la calidad de vida, en la solidaridad, un futuro del cual los niños sean símbolo, desafío y garantía. Repensar la ciudad significa pensar en un futuro próximo en el que los jóvenes sientan todavía el estremecimiento, la emoción, la necesidad de tener hijos”.

Estas reflexiones nos llevan a considerar si Buenos Aires esta pensada con alguna orientación humanista o rige una simple mirada economicista y expulsiva de sus autoridades. La propuesta es el camino del reencuentro y de la participación. El camino es la construcción conjunta de soluciones donde intervengan, con sus opiniones y puntos de vista, hasta los mismos niños.
El camino de la inclusión ha de alcanzar a todos, niños, adolescentes, ancianos. ¿Nos darán estas reflexiones nuevos elementos para pensar la ciudad, para mirar la ciudad, para tener una mejor dimensión de nuestras apreciaciones y reclamos? Ojalá sea así.

Por Silvia Durruty
Selección de fragmentos del libro “La ciudad de los niños” Un modo nuevo de pensar la ciudad, de Francesco Tonucci

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