La pelea electoral de octubre: Darwinismo Social vs Estado Benefactor

Por Ricardo Guaglianone

 Desde tiempos remotos, pareciera ser que la gran separación de los humanos en materia política, radica en dos visiones contrapuestas, una más integradora, solidaria, donde hablar de comunidad es incluirse con naturalidad en un todo, mientras que la otra sostiene que cada ser humano sufre o goza su destino en base a su superación individual y que vivir en sociedad es solo un intercambio de mercaderías y servicios, donde no hay compromiso sobre el destino de los otros semejantes.

Estas visiones fueron enmarcadas en teorías que sustentaron largas luchas por el poder,  donde el rol del estado es el centro de la controversia.

Estas posiciones teóricas están marcadas por dos grandes corrientes que disputan su supremacía, el Estado Benefactor y el Liberalismo Económico, con un agregado teórico que tiño de justificación y de indiferencia las entrañas liberales sobre el destino colectivo: el darwinismo social.

Siempre el poder de turno ha trasladado creencias y filosofías para justificar la organización y el gobierno de sus comunidades.

Citamos a Aristóteles, (384 a. C.)  quien definía al hombre como un ser social y político: “El hombre es un animal social que no puede de por sí, bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político”, y de allí pasamos por Thomas Hobbes, (1651 d C) cuando en su libro “Leviatán” sostenía que “es indispensable un contrato social priorizando el bien común por sobre las particularidades”. Dos siglos después llegó Darwin, con su Teoría de la Evolución, que de la mirada biológica derivó a teorías sociológicas de plena y cruel vigencia: darwinismo social.

Liberalismo vs Estado Benefactor

Básicamente el Estado Benefactor propone intervenir en la economía para una mejor distribución del ingreso en la población, impulsando sistemas de seguridad social, creando marcos de regulación de la composición de la oferta y la demanda y además, desarrollando servicios y bienes públicos de uso  accesible para toda la población.

La intervención del estado disminuye la brecha existente entre los ingresos de las élites más poderosas y las masas populares, buscando la mayor igualdad posible en una comunidad organizada.

Los puntos básicos del estado de bienestar son:

a) Asegurar las garantías y los derechos ciudadanos establecidos en la Constitución, participación estatal en salud pública, educación, vivienda, así como la producción y el acceso a bienes de consumo básico.

b) Desarrollar un esquema amplio de subsidios, no sólo en la forma de apoyos fiscales, financieros, con precios y tarifas públicas reducidas para mejorar la rentabilidad del capital, sino también, para la creación de infraestructura industrial y urbana para dar empleo a toda la población.

c)  Asegurar que los bienes y servicios lleguen a toda la población, favoreciendo a las cadenas productivas de la industria nacional.

d) El Estado es el gran estabilizador de relaciones sociales y del ciclo económico para que sea incluyente y mejore la calidad de vida de la comunidad.

La otra mirada 

El liberalismo económico, en contraposición, dice que nadie debe intervenir para regular nada,  porque  la libre competencia es la base de la libertad política y económica de los ciudadanos y eso estimula la creatividad, el progreso técnico y el desarrollo económico. 

Los precios de los bienes y servicios son fijados por las fuerzas del mercado sin la intervención estatal y conseguir empleo e ingresos para vivir queda supeditado a los mecanismos de oferta y demanda.

El estado debe ser mínimo, sin empresas públicas, ni prestación gratuita de servicios sociales ni planificación de la economía. Debe respetar la propiedad privada que es inalienable. El libre mercado, mediante la oferta y la demanda organiza la economía y la vida social. Lo trascendente es el “individuo”, “el mercado” y la “libre iniciativa”.

                      “Si alguien cae en la pobreza se debe a sus propios errores

                                       Y nadie debe ayudarle a reponerse”

                                                                                        Herbert Spencer

Uno de los alimentos sustanciales del liberalismo económico, su hermano de sangre, es la teoría de la evolución orgánica del mundo animal de Darwin, que aplicada al ordenamiento social se conoce como darwinismo social, cuyo exponente más contundente fue el filósofo inglés Herbert Spencer (1820-1903): “el progreso es consecuencia de la lucha por la supervivencia, donde el fuerte sobrevive, el débil sucumbe y el estado no tiene que intervenir para no interrumpir este proceso natural”.

En Argentina actualmente, existe un fuerte enfrentamiento entre la concepción del darwinismo social, (encarnado en el candidato MIlei) contra la idea de un estado presente, fuerte, que defiende el candidato Massa.

La teoría del darwinismo social sostiene que existen seres superiores, más evolucionados, que son los más ricos de la sociedad y justifica el orden que impulsó el capitalismo primitivo: 

“cada uno compite bajo condiciones dura donde sobreviven los más fuertes y los débiles son eliminados en un marco de una competencia más o menos despiadada”.

El estado en lugar de fomentar la distribución de la riqueza o de programas sociales, solo debe promover las oportunidades: si hay libertad de comercio absoluta, algunos aprovecharán las oportunidades y otros las desaprovecharán, habrá ganadores y perdedores producto de la evolución de cada uno y de su fortaleza para sobrevivir.

El discurso de Milei (también de Bullrich) sostiene que “es necesario abandonar el Estado benefactor impulsando la libertad de comercio sin límites para promover el progreso”. 

Además, afirman que si existe desigualdad social será consecuencia de un “orden natural” que provoca la competencia. Milei exalta a los ricos, como lo hizo recientemente en el Concejo de las Américas, donde aseguro que “los ricos son los más capaces y evolucionados” concepto que defiende Spencer, uno de los padres del Darwinismo Social: 

                                     “Si alguien es rico se debe a sus propias condiciones,

                                          aunque la riqueza haya sido adquirida por medios inmorales”.

                                                                                                          Herbert Spencer

Se verá en las elecciones de octubre que decide el pueblo, si vota un proyecto integrador donde el estado interviene para buscar cierta equidad o elige algo así como la ley de la selva, donde salud, educación, servicios son solo una mercancía más, y donde las riquezas propias del estado son manejadas por el capital privado con un sentido de lucro individual.

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