Apuntes sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman ¿Héroe o villano?

Con la muerte del fiscal Alberto Nisman, a cargo de la causa AMIA durante los últimos 10 años, todos los argentinos estamos apreciando, una vez más, la verdadera dimensión y naturaleza del poder en las sombras.

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Porque esta muerte, como tantas circunstancias difíciles y trágicas que los argentinos hemos padecido, no sucedió en la trama de una película de domingo a la tarde, donde nos entretienen las intrigas entre amantes, espías y funcionarios de distinta calaña.

Esta muerte fue real y sucedió en el curso de una acusación temeraria, dividiendo aún más a los que están a favor y en contra del gobierno nacional, pero a su vez, arrojando luz sobre la profunda división de los judíos en la consideración de las acciones del fiscal Nisman para investigar el atentado de la Amia.

También arroja luz, sobre las constantes intromisiones de poderes extranjeros en la resolución de conflictos que supuestamente le son ajenos. Un senador norteamericano dijo que la muerte del fiscal se resolvería con un tribunal internacional, no con la justicia local. Lo afirma un representante de un país que nunca esclareció la muerte de Kennedy o de Luther King.

No sabemos si Alberto Nisman fue un héroe o un villano. Los datos limpios dicen que tenía la responsabilidad de la causa Amia desde hacía 10 años y que en los últimos tiempos, sobrellevaba fuertes cuestionamientos acerca de su inacción, de su falta de compromiso y de su excesiva dependencia de servicios secretos extranjeros, que no aportaban nada para esclarecer el atentado.

Las denuncias sobre el pobre papel del fiscal en la investigación empezaron a ganar fuerza hace tres años, originadas en las dos agrupaciones de familiares de las víctimas, Memoria Activa y 18J.

Las autoridades de la AMIA y la DAIA, las dos instituciones madres de los judíos en el país, que responden al poder y a la orientación de Israel, se manifestaban conformes con Nisman en la acusación a Irán como responsable del atentado que llevo la vida de 85 personas hace 21 años.

De las declaraciones de las agrupaciones de familiares de las víctimas en contra del fiscal hay dos partes. Varias unos años antes de la denuncia que derivó en su muerte, mientras que otras fuertes expresiones reprobatorias se sucedieron cuando Nisman acusó a la presidente de encubrimiento para beneficiar a los iraníes.

El descontento con el fiscal

A mediados de 2011, hace más de tres años, Memoria Activa difundió una carta firmada por su titular, Adriana Reisfeld, cuestionando al fiscal «por su falta de compromiso e inacción en la causa” y sobre el ahora famoso memorándum con Irán, en esa misiva pública afirmaban que era imperfecto pero que era algo: “nadie propuso absolutamente nada superador», expresión que alcanzaba claramente a Nisman.

familiares amia

Cuando Nisman, en un escrito de 75 fojas, cuestionó el acuerdo antes de firmarse, en línea con los servicios secretos israelíes y norteamericanos, estas agrupaciones lo denunciaron por la falta de sustento jurídico de sus afirmaciones, por la vacuidad de sus argumentos y sostenían, categóricamente, que al fiscal no le interesaba involucrarse en el esclarecimiento del atentado.

«Coincidimos en todo lo que plantea Memoria Abierta», declaraban, hace tres años, los familiares de 18J a través de su titular, Sergio Burstein: «Durante siete años el fiscal no generó nada, y cuando tiene una herramienta puede permitir avanzar en la indagatoria, la critica… a Nisman parece no interesarle la causa».

Con estos antecedentes, cuando Nisman presenta la denuncia contra la presidente recibió, no solo una falta de respaldo, sino un rechazo muy potente de las agrupaciones de familiares que ya estaban pidiendo, desde hacía unos años, la remoción del fiscal por inacción en la causa: «Quiere que lo echen y quiere victimizarse».

La referente de Memoria Activa, Diana Malamud, luego de presentada la denuncia contra la presidente, acusó al fiscal de hacer «espionaje interno» y relató que su accionar «nunca tiene que ver con la investigación y el esclarecimiento sino con temas de poder»… «los últimos tres años se dedicó a espionaje interno pero de AMIA ni una sola palabra».

Quienes también habían pedido su remoción de la causa, Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado a la AMIA, a través de su titular, Olga Degtiar, se pronunció con severidad contra la denuncia: «La acusación está lastimando el sentimiento de 85 familias que vienen sufriendo y luchando por justicia hace 20 años. Creo que es una maniobra del fiscal para quedar fuera del caso».

A Nisman no se le podía echar la culpa de todo el fracaso de la causa porque la tomó cuando ya habían pasado más de diez años del atentado, con todas las oscuras maniobras que sucedieron en su desarrollo para que no se avanzara en el esclarecimiento. Pero su labor estaba más que cuestionada, a pesar de los recursos extraordinarios que tenía a su disposición.

Es evidente que si la Fiscalía General de la Nación removía de su cargo a Nisman, por el pedido expreso de estas agrupaciones, (petición que fue denegada), se ganaba un conflicto político inmenso, ya que estaba apoyado por Israel, Estados Unidos y las entidades judías de AMIA y DAIA, que además, contaban con el respaldo y el poder de la prensa concentrada.

Los datos

El periodista Santiago O’Donnell, publicó en un libro de su autoría, los cables de Wikileaks que evidenciaban, con elocuente claridad, una relación muy dependiente del fiscal Nisman con Estados Unidos en todo lo que presentaba sobre la causa AMIA. Según los cables y comunicaciones, antes secretos, anticipaba los textos judiciales que producía a la embajada americana, allí se los corregían y luego el fiscal definía, en la orientación que le indicaban, el curso de la investigación.

Atentado amia

En el momento que Nisman tomó la causa, Irán era el enemigo número uno de Estados Unidos e Israel. Todos saben que en política internacional nunca fueron agua y aceite.

Por esa coyuntura, donde se especulaba con una invasión a ese país porque estaba desarrollando energía nuclear para fines militares según se lo acusaba, estaban muy interesados en involucrar a Irán del atentado de Buenos Aires.

Por lo tanto, instruyeron a Nisman, de acuerdo a mucha documentación existente que así lo confirma, para que desviara la investigación original de la pista siria y abandonara la investigación de la conexión local en el atentado. Y esa fue, justamente, la orientación que le dió Nisman a la causa.

No solo los críticos del fiscal dicen que luego de esa acusación nunca produjo nada nuevo en la causa. Hay quienes sostienen que la acusación a Irán jurídicamente estaba forzada y carece de pruebas, incluida la opinión del juez de la causa, Canicoba Corral, que le ordenó al fiscal no abandonar la pista local, sugerencia que Nisman nunca cumplió.

Un botón es una muestra. En 1997 una misión del FBI, durante un mes estuvo en nuestro país revisando la investigación y presento un informe muy contundente, donde expresaba que lo más serio que había en la causa era la pista siria, con sus ramificaciones locales.

Pero era tan fuerte esta orientación de Estados Unidos e Israel de acusar a Irán, que esa recomendación del FBI fue dejada de lado y la causa se paralizó por completo. Cuando la Argentina firma el memorándum con ese país para destrabar la inacción de años, todas las partes interesadas, con algunas dudas, apoyaron el acuerdo, menos el fiscal Nisman.

Como en todas las instancias donde intervenía el fiscal, no estuvo solo en este rechazo. Israel defenestró públicamente el acuerdo con Irán y luego Estados Unidos manifestó su desacuerdo. Automáticamente la AMIA y la DAIA se pusieron en contra de lo firmado y apoyaron a Nisman, desautorizando a los familiares que cuestionaban fuertemente al fiscal por inacción.

Es interesante revisar estas cuestiones porque son el meollo de toda la historia de la investigación del atentado, de la acusación a la presidenta, donde están mezclados intereses geopolíticos y maniobras poco claras del poder judicial, que ensuciaron la causa AMIA desde su inicio, hasta casi extinguirla.

Sin lugar a dudas, y es la sensación generalizada, más allá del memorándum y de la acusación por encubrimiento al poder ejecutivo para exculpar a los iranies, la muerte del fiscal Nisman complicará la búsqueda de la verdad sobre el atentado y esa trama siniestra que lo generó. Además, esta muerte será muy difícil de esclarecer en el caso de que haya sido un asesinato y puede estar íntimamente relacionada a producirle un gran desgaste al gobierno nacional.

Las posibles causas de la acusación

La presidenta siempre mostró una gran independencia de criterios al tratar asuntos de gran importancia geopolítica que disgustaron profundamente a los israelíes y como reflejo, a las entidades judías en la Argentina.

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Por ejemplo, en septiembre de 2014 en la asamblea general de la ONU, afirmó que el conflicto entre Israel y los palestinos era “el nudo fundamental” de la crisis en Medio Oriente e instó a que encuentren una solución y destacó la necesidad de avanzar “en el reconocimiento de un Estado de Palestina” al tiempo que ratificó el derecho de Israel de vivir en su propio Estado bajo las fronteras establecidas en 1967.

Traducido es bien sencillo. Cristina Fernández pidió que se reconozca a Palestina como un estado libre, se les devuelva los territorios que Israel le arrebató (fronteras de 1967) y se lo incluya en el cuerpo internacional de la ONU con el mismo status de cualquier nación que integra el pleno.

Esta postura significó una ruptura conceptual y práctica de la política impulsada por Washington y Jerusalén, que motorizó por reflejo, por afinidad, una gran oposición de las entidades judías hacia las políticas da la presidenta, en casi todo lo que proponía, incluido, por supuesto, el memorándum con Irán.

También hace unos meses, la presidenta ordenó el descabezamiento de la secretaría de inteligencia, cortando bruscamente las relaciones con los servicios de inteligencia con los cuales se manejaba Nisman en la causa AMIA (Israel y EEUU) a través de los agentes locales desplazados y con los cuales, una buena parte del poder judicial local estaba íntimamente relacionado.

Estas determinaciones no cayeron nada bien en los círculos de poder local, ligados a estas dos naciones. Tampoco la profundización de las relaciones geopolíticas con Rusia y China que plantea para los próximos años, un reacomodamiento de las relaciones geopolíticas de Argentina, que se expresa en alianzas en los fotos internacionales.

En este contexto, en este caldo caliente, con una situación política calma en lo doméstico, se produjo el sorpresivo regreso de Nisman de sus vacaciones y la presentación de la denuncia contra la presidenta, que el juez titular de la causa AMIA, Canicoba Corral consideró de “nulo o escaso valor probatorio”, además de indicar que nunca fue informado de tamaña investigación.

La muerte de Nisman enrareció todo, complicó todo y cada vez más, se empezó a parecerse a una estudiada maniobra para perjudicar al gobierno, debilitarlo y sacarlo del poder. Las operaciones de prensa para involucrar al gobierno en un posible asesinato ofenden al sentido común, ya que sería el mayor perjudicado por una acción de esa naturaleza.

Ese fin de semana trágico, hasta ahora no se sabe que paso. Si al fiscal lo asesinaron o se mató. Sin embargo, la investigación de la fiscal Fein va dirigida a cerrar todo en un suicidio, aún con las disidencias de la ex mujer de Nisman, jueza nacional, que dice que fue un asesinato.

Ojala que los ciudadanos podamos tener acceso a las escuchas, a las comunicaciones que hizo el fiscal en los últimos días de su vida. Según numerosas fuentes judiciales, las escuchas difundidas, que figuran en el escrito de la denuncia, no prueban nada de la grave acusación contra la presidenta.

También hay que señalar sobre esta presentación, que fuentes judiciales ya han dicho que no hay ninguna prueba sorpresa o escondida. Lo único que fundamenta la acusación son las 290 páginas que presentó Nisman y que dio a conocer públicamente la Corte Suprema.

Se habló mucho en los medios, que le habían prometido más pruebas, que había documentos secretos o escuchas que eran de la presidenta, pero nunca aparecieron. Esta trama siniestra, donde oscuros actores de momentos trágicos en el país, aparecen como personajes relevantes, tal es el caso de los agentes de inteligencia locales, es lo más parecido a ofrecer pescado podrido que Nisman compró.

Enterrado como un héroe

El coche con el féretro de Alberto Nisman llegó al amplio patio del cementerio judío de la Matanza, a las 11,45 del 29 de enero, escoltado por una docena de motociclistas de la Policía Federal.

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Desde muy temprano se desplegó, dentro del cementerio, un severo operativo de seguridad. En la entrada al predio esperaban unos cuarenta efectivos de la Federal y se habían ubicado en un campo lindante a las tumbas, francotiradores de la bonaerense distribuidos arriba de los árboles y detrás de tupidas malezas.

Todo el operativo estuvo supervisado por los servicios secretos israelíes que se movían muy concentrados, hablando todo el tiempo a través de sus equipos y controlando todo lo que sucedía con las 200 personas que esperaban al fiscal para su sepultura.

El ambiente era raro. Rabinos que lucían relajados charlaban y reían, se vivía una espera ansiosa por la tardanza del cortejo, atravesada por miradas nerviosas, miradas desconfiadas, como si algo terrible pudiera suceder en cualquier momento.

Menos producidos que en la televisión, esperaban varios conocidos. Estaba Elisa Carrio que no se saludó con Patricia Bullrrich, Montenegro, el jefe la metropolitana, el presidente de AMIA, Leonardo Jmelnitsky, y el presidente de la DAIA Julio Schlosser, entre otros. No había representantes de las agrupaciones de familiares de víctimas del atentado.

Por fin llegó el coche que traía los restos del fiscal. Lentamente estaciono en la primera entrada de la enorme sala mortuoria, donde esperaban los rabinos y el soldador para hacer su trabajo. También estaba preparado un cajón nuevo por si ocurría algún percance.

Luego del lavado ritual, del sellado del cajón y el retiro de todas las piezas metálicas, el féretro fue llevado desde la sala de espera hasta el patio exterior, donde fue rodeado por los asistentes, mientras el rabino Marcelo Polakoff rezaba una oración.

Luego el cortejo, llevado por sus allegados más íntimos, recorrió unos pocos metros hasta el lugar donde se realizaría la sepultura, frente a la explanada que recuerda a los mártires de las guerras de Israel, bajo la siempre atenta y vigilante mirada de los servicios israelíes.

El entierro y los discursos

Durante el entierro y los discursos, de fortísimo contenido político, los participantes de la ceremonia se resguardaron bajo tres gazebos de lona verde, que cubrían del sol a una parte de los presentes que silenciosos y tranquilos, siguieron con gran concentración la ceremonia.

Frente al cajón se ubicaron los rabinos, los padres del Nisman, su ex esposa, su hermana y sus dos hijas, que llevaron el momento con mucha entereza.

Se podría afirmar que al ser enterrado Nisman en el cementerio judío central, con la liturgia y ceremonial tradicional, que la colectividad creyente, en su conjunto, descarta su suicidio, una práctica reprobada por la ortodoxia religiosa judía desde la antigüedad y que tiene castigos específicos en la forma que se hace el servicio fúnebre. Por ejemplo, el fallecido es enterrado en los extremos del cementerio, pegado a las paredes externas.

Los emotivos discursos de recuerdo a su persona reafirmaron la idea de que no fue un suicidio, a la vez que dejaron en evidencia un cuestionamiento a la labor de la fiscal Fein, sobre todo en las palabras de la jueza Sandra Arroyo Salgado, la ex mujer de Nisman.

En el mensaje de despedida la jueza dijo: “Tenemos la certeza de que esto fue obra de otra persona. No sabemos de quién, es difícil”…” hoy siento que no sé si están trabajando como se debe trabajar para llegar a la verdadera razón de este final”.

Cada discurso era precedido por una oración del rabino. El vicepresidente de la DAIA, Waldo Wolff aseguró que con la muerte de Nisman el atentado a la mutual judía “está más lejos de esclarecerse”.

Luego hablo el escritor Santiago Kovadloff, con su clásica postura de tener la verdad revelada: “la sociedad argentina, una sociedad vapuleada por el encubrimiento y la distorsión de lo que debería saberse, encubrimiento y distorsión que no son otra cosa que un acto de traición a la ética”.

“Porque la ética, entendida como voluntad civilizadora, no es sino la configuración social de la verdad” y adjudicó la muerte de Nisman a su intento que toda esa oscuridad no caiga sobre las cabezas de los ciudadanos. “Se jugó la vida –y pagó con ella– para impedir, en la medida de sus fuerzas, que el crimen se llevara por delante, sin costo alguno, la verdad, la ética y la República”.

Conclusión aproximada

No solo la muerte del fiscal Nisman va a ser un gran misterio a resolver. Hay muchas cosas demasiado oscuras en toda la causa AMIA y en los poderes internacionales, políticos y judiciales que intervinieron en la investigación, que posiblemente nunca se sepa bien que pasó.

En nuestro país, como en muchos otros, donde también ocurrieron magnicidios graves, nunca se llegó a la verdad. Puede ocurrir que haya algún arresto, alguna presunción, pero nunca se esclarece la trama que produjeron los hechos ni se conocen los poderes ocultos que actuaron atrás de lo visible. Desde Kennedy para estos tiempos hay muchos ejemplos de impunidad.

En este sentido, no habrìa, según nuestro entender, que echarse contra el país, alimentando ese mito bien trabajado, tambièn por poderes ocultos, de que no servimos para nada o que somos los peores del mundo o que nunca hay justicia. Y creemos que hay que estar atentos a maniobras que quieran desestabilizar la democracia que tanto costo mantener hasta ahora.

Somos un país joven, con 200 años de historia y de ese período, apenas un pequeño porcentaje lo vivimos en tiempos de derecho pleno. Debe existir creemos, la profunda convicción de no permitir que poderes facciosos destruyan nuevamente a la república.

Sobre Alberto Nisman es sencillo resolver el enigma: para algunos es un héroe, para otros un villano. Tenemos la idea de que nunca se resolverá la balanza para un lado u otro y nunca se sabrá que sucedió en la trama más profunda.
Aspiramos a que la República crezca en conciencia y compromiso, en cambios que sumen trasparencia y buena vida para todos, a pesar de estos hechos trágicos, profundamente oscuros.

Por Ricardo Guaglianone

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